Inicio COSLADA La Policía Local 15 años sin convenio. Carta abierta de una hija y esposa de policías al Alcalde de Coslada.
La Policía Local 15 años sin convenio. Carta abierta de una hija y esposa de policías al Alcalde de Coslada.
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La Policía Local 15 años sin convenio. Carta abierta de una hija y esposa de policías al Alcalde de Coslada.

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Coslada.- Quince días llevan ya esperando ese ansiado informe de Secretaría, los policías Locales de Coslada, que como sabemos, están acampados día y noche en las puertas del Ayuntamiento, esperando ser recibidos por la máxima autoridad del Consistorio, el Alcalde, D. Ángel Viveros para que les informe o les dé alguna solución. Durante estos días, numerosos han sido los medios de comunicación que se han interesado por este conflicto, entre ellos, el nuestro  henareshoytv.

Hoy, hemos recibido en nuestra redacción,  la siguiente “carta abierta”  dirigida al alcalde de Coslada, D. Ángel Viveros,  que les reproducimos a continuación:   CARTA  ABIERTA de Dña. Beatriz Alba Carmona, para el SR. VIVEROS, ALCALDE DE COSLADA:

“Quizá se pregunte, Sr. Viveros, el porqué de esta carta, sencillamente es que no encuentro otra forma de hacerle llegar la impotencia que siento.

Mi nombre es Beatriz, soy esa mujer que ha bloqueado en sus redes sociales, esa que ha solicitado una reunión con usted y cuya petición ha pasado por registro, esa que se ha encontrado a las puertas del Ayuntamiento de Coslada enfundada en ropa de montaña para protegerse del frío.

Quizá todavía no sepa quién soy, pues bien, soy la mujer de Nacho, Policía Local de Coslada, municipio que gobierna usted, y que lleva 15 días durmiendo en la calle para que la frustración que le ha llevado a tomar esta medida se visibilice.

Soy esa mujer a la que hoy, usted le ha dicho que tiene cosas más urgentes que atender que los problemas de los que están durmiendo a la intemperie.

Usted no me conoce, no sabe quién soy, yo también soy servidora pública, me dedico a solucionar situaciones de emergencia y a dar una respuesta inmediata para salvar la vida de las personas que atiendo.

Soy hija y esposa del cuerpo de Policía, aprendí desde niña a ayudar a los demás e hice de ello mi profesión.

¿Sabe? Usted y yo tenemos algo en común, nuestro desempeño se centra en el servicio público y del mismo modo que sería inadmisible que al llegar a un accidente de tráfico y ver a una persona atrapada dentro de su vehículo yo me diera media vuelta, es igualmente inadmisible que usted haga caso omiso a esos más de 100 policías locales que hartos de su situación laboral se han echado a la calle.

A lo mejor piensa que van a claudicar, que se cansarán de dormir al raso o que las lluvias les hagan desistir de su iniciativa y, quizá lo piense porque no les conoce.

Para saber cómo es un policía tiene que haber estado horas de pie a pleno sol o bajo un frío intenso, en mitad de una rotonda haciendo controles de alcoholemia, o tiene que haber entrado en un domicilio y haber protegido a una mujer víctima de violencia de género, o haberse roto la clavícula resultado de una persecución con el coche patrulla, o quizá haber sentido cómo un destornillador penetraba en su abdomen mientras forcejeaba con un delincuente, o haberse quedado casi sin aliento mientras colocaba unos grilletes después de perseguir corriendo un ladrón, o sentir cómo el pulso se acelera al intervenir en una reyerta, o sentir lo que se siente cuando reaniman a una persona a la que se le ha parado el corazón y la ambulancia no llega, o meterse en un túnel inundado para rescatar al conductor del vehículo que se ha quedado atrapado bajo el agua, o haber olido el olor de la muerte cuando entran en una casa en la que hay una persona a la que hace días que no se ve por la calle o sencillamente sentir el miedo al escuchar por emisora a un compañero solicitar ayuda urgente.

Usted no sabe quiénes son, de qué clase de pasta están hechos, desconoce la capacidad de sufrimiento y paciencia de las que estos hombres y mujeres hacen gala.

Si lo supiera les saludaría cuando pasa por delante de ellos, abriría las puertas de su despacho y se sentaría con ellos para resolver la desesperada situación por la que atraviesan.

Siento profundamente que sea incapaz de ver la realidad, de que su prepotencia y orgullo le cieguen por completo pero creo que en realidad lo que está es preocupado, porque quizá no muy tarde, si finalmente es condenado, sea un policía quien le lleve a la cárcel.

Atentamente,  Beatriz Alba Carmona“.

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