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Opinión: La Asociación Civico Cultural El Molino analiza los últimos acontecimientos.
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Opinión: La Asociación Civico Cultural El Molino analiza los últimos acontecimientos.

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OPINIÓN:La Asocición Cívico Cultural El Molino, en la última publicación de su blog, realizan un amplio e interesante análisis de los hechos acaecidos en España

EL SIGLO QUE VIVIMOS PELIGROSAMENTE (I)

¿QUÉ HEMOS HECHO (MAL) PARA MERECER ESTO?
 
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No es que los españoles hayamos tenido durante los últimos dos siglos y medio muchos periodos de tranquilidad política y social sino todo lo contrario, pero hay que reconocer que el siglo XXI se lleva la palma en sobresaltos y calamidades por unas razones u otras cuando ni siquiera hemos llegado al primer cuarto del mismo.
 
En efecto, desde comienzos del siglo XIX nos ha pasado, sin ser exhaustivos,  todo esto: pérdida total de las colonias (1810 y 1898) guerras civiles (4), dos guerras internacionales (una contra EE.UU. y otra contra las cabilas del Rif en Marruecos con el desastre de Annual incluido), asesinatos de presidentes de gobierno (6), golpes de estado, dictaduras y pronunciamientos militares (14), cambios de régimen (2), invasiones extranjeras (1), atentados terroristas (más 3.000 solo de ETA), etc.
 
También hemos sufrido hambrunas, pandemias (una de ellas, de las más siniestras, lleva incluso nuestro nombre y ocurrió en 1918 donde murieron, al parecer, 260.000 españoles) con nombre de países exóticos.  Catástrofes naturales más o menos recurrentes con regularidad (inundaciones, sequías, accidentes con víctimas masivas), etc. Incluso en los años ochenta, sufrimos también una intoxicación masiva por causa del aceite de colza con más de 1.000 muertes y cerca de 20.000 afectados.  Casi todas estas desgracias se cebaron principalmente con las capas sociales más pobres e indefensas.

Este es más o menos el triste y lamentable balance de situaciones límite que hemos vivido los españoles desde los comienzos del siglo diecinueve hasta finales del veinte. Si embargo, este siglo XXI, que comenzó en 2001 en el mundo con el atentado de las Torres Gemelas de Nueva York y con más de 3.000 víctimas, va camino de batir el récord en calamidades y catástrofes. Veamos algunas de las más desgraciadas que hemos padecido los españoles por enumerarlas atendiendo al hecho de que no todas ellas han sido o son solo por causas accidentales o inevitables.
 
 
2004: ATENTADO TERRORISTA EN LOS TRENES DE ATOCHA
 
El mayor atentado yihadista contra la población civil y trabajadora en el mundo (precisamente en los trenes del Corredor del Henares) después de los de las Torres Gemelas, fue perpetrado en Madrid el 11 de marzo de 2004 con el resultado de 193 muertos y cerca de 200 heridos con secuelas. El Estado ha gastado solo en indemnizaciones por este concepto cerca de 320 millones de euros. 

Entre otras consecuencias, este atentado tuvo efectos sobre el resultado electoral celebrado tres días más tarde con un vuelco respecto de las encuestas publicadas entonces, siendo ése uno de los objetivos que perseguían sus autores.
2008: EL CRASH HIPOTECARIO Y FINANCIERO
 
En el año 2008 el mundo despertó un día asolado y estupefacto ante el crash financiero más grave desde el año 1929: la quiebra de dos gigantes bancos hipotecarios americanos y otras grandes compañía de seguros, con un efecto dominó sobre todas las entidades financieras del mundo, encadenando quiebras de todos los bancos de inversión incluidos los más solventes europeos también. 

En España, esta debacle tuvo como consecuencia directa el pinchazo de la burbuja inmobiliaria que se vivía desde varios años antes, con quiebras también de buena parte del sistema financiero (sobre todo las Cajas de Ahorro que literalmente desaparecieron casi todas), y con cierres y quiebras de empresas y aumento rápido del desempleo hasta alcanzar el 26 % de la población activa entre 2008 y 2012 (seis millones de parados) desde el 7 % en 2007. 


MAYO DE 2010 


EL ENTONCES PRESIDENTE ZAPATERO ANUNCIANDO UN DURO AJUSTE (AQUÍ EMPEZARON LOS RECORTES) PROVOCADO POR UN DESEQUILIBRIO FISCAL (CAÍDA DE INGRESOS POR PRESUPUESTOS MUY DEPENDIENTES DEL SECTOR INMOBILIARIO PRECISAMENTE)  DE MÁS DE 10 PUNTOS. ERA, COMO SE DICE, EL RECONOCIMIENTO PALMARIO DEL PINCHAZO DE LA BURBUJA INMOBILIARIA DE LA QUE HABÍA VIVIDO LA CORPORACIÓN POLÍTICA Y SINGULARMENTE EL GOBIERNO DURANTE MUCHOS AÑOS IRRESPONSABLEMENTE. 

UN AÑO MÁS TARDE FUERON CONVOCADAS ELECCIONES QUE EL PSOE PERDIÓ ESTREPITOSAMENTE. Y ES QUE, MUCHOS DE SUS VOTANTES, FUERON PRECISAMENTE LAS PRIMERAS VICTIMAS DE ESTE GRAN CRASH QUE EL GOBIERNO NI SUPO NI QUISO RECONOCER DURANTE LARGO TIEMPO. TODO SE PRECIPITÓ DESDE ENTONCES Y CUANDO YA NO HABÍA FORMA ALGUNA DE RECONDUCIR LA CRISIS O AL MENOS MITIGARLA. ENTONCES, AL IGUAL QUE AHORA, SOLO SE TOMARON MEDIDAS CUANDO YA TODO ERA IRREMEDIABLE.

2017: EL GOLPE DE ESTADO DEL GOBIERNO CATALÁN
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Una de las consecuencias de la crisis económica  aparte del drama del paro y la ruina de muchas empresas de la que aún hoy padecemos sus consecuencias, fue la más grave crisis política iniciada por los nacionalistas catalanes aprovechando precisamente la coyuntura más débil del Estado, y que con la más desleal e inoportuna intencionalidad iniciaron un camino de no retorno desentendiéndose insolidariamente del formidable problema económico al que se enfrentaba el país, declarando incluso la independencia unilateral y convocando un referéndum ilegal en octubre de 2017 (previamente, en 2009, intentaron otro también), poniendo al gobierno de Rajoy y a todo el Estado contra las cuerdas justo en el momento político más complicado. 

Y así, desobedeciendo a los tribunales, violando la legalidad constitucional y todos los llamamientos a la sensatez por parte de mundo empresarial y político, y por supuesto ignorando también al Congreso de los Diputados y arrogándose para sí una soberanía que ninguna disposición y menos la Constitución les reconoce, iniciaron el camino de la rebelión y el secesionismo insolidario y egoísta. Y en ello andan todavía.

Esta gravísima crisis institucional perpetrada por quienes precisamente están obligados a guardar y hacer guardar la legalidad y la Constitución, tiene a todos sus autores convictos con sentencias firmes muy graves del Tribunal Supremo o fugados de la Justicia. Pero, sin embargo, en un bucle ya histórico por repetido en otras etapas críticas de nuestras penalidades políticas como pueblo, nos vemos con la afrenta de que apenas con un año del cumplimiento de esas penas ya están en régimen de prácticamente semilibertad. Y, lo más insólito: que de estos delincuentes de la política (convictos o huidos) depende precisamente la estabilidad del gobierno actual. Algo que añade un inquietante grado de irresponsabilidad política con riesgo de un suicidio institucional total, además de un esperpento más a lo anómalo de la situación política que venimos soportando en los últimos años.

2020: LA GRAN PANDEMIA
 
Y llegó el año 2020 con la gran pandemia venida de oriente. Un salto, uno más, de una familia agresiva de virus de animales contagiado a humanos y extendida por todo el mundo sin distinción de credo y raza (aun cuando parece que afecta menos a la raza negra), y poniendo a prueba todos los sistemas sanitarios incluso los más punteros. Sin remedio médico, nos ha pillado a la intemperie y además se ensaña con las personas mayores y más vulnerables a las que descubrimos inermes y abandonados frente a la muerte en residencias, albergues y hospitales.
 
 
DATOS ESTADÍSTICOS AL DÍA 2 DE ABRIL DE 2020 DEL MINISTERIO DE SANIDAD
LA SITUACIÓN EN EUROPA: ESPAÑA A PUNTO DE SUPERAR A ITALIA EN NÚMERO DE CASOS Y SALTAR A LA CABEZA POR NÚMERO DE CONTAGIOS Y MUERTES
LOS FRÍOS DATOS DE LA MUERTE Y EL CONTAGIO
 
Al día de hoy 2 de abril de 2020 el parte de guerra contabiliza (vaya usted a saber cuántos hay no agregados a las series de datos por desconocimiento, errores o simplemente por manipulación): 110.238 contagiados; 10.003 fallecidos. Aterradores datos. 
 
Desde el primer fallecido en el mes de febrero hasta hoy; es decir, en apenas cuarenta días, han fallecido ya 10.003 compatriotas nuestros solo por causa de esta pandemia. Más que en el desastre de Annual. En Europa tenemos desde luego el devastador honor de compartir con Italia el mayor número de casos y fallecidos de toda la UE hasta el momento, si bien proporcionalmente por el número de habitantes superamos el ratio italiano.  ¿Cómo es esto posible y qué circunstancias comunes nos unen en esta desgracia sin paliativos con respecto de la evolución de la epidemia en otros países europeos? Sin duda alguna las de orden estrictamente político son determinantes.
 
ITALIA Y ESPAÑA: EL FACTOR DEL RIESGO POLÍTICO
 
Hay algunas concomitancias entre el caso italiano (la evolución de la epidemia ensañada precisamente en la región de Lombardía donde nació el partido de la Liga) y el caso y la evolución en España. Se trata muy claramente de factor del riesgo político; por la falta de estabilidad gubernamental y el cálculo político como enfermedad crónica del populismo.
 
Italia formó gobierno tras 14 meses de otro entre el M5S y la LIGA, dos partidos antisistema precisamente, en octubre del año pasado. Sin embargo, aquel experimento inicial reveló que en realidad había dos gobiernos dentro de uno. La ruptura de esa coalición dejó al M5S ante el dilema de formar gobierno con el Partido Demócrata de centro izquierda de quien en todo caso renegó siempre por considerarlo parte de la casta. De forma que no fue sino hasta finales del año pasado cuando quedó formado el nuevo gobierno. Un gobierno por cierto de solo 13 ministerios para una población de 65 millones de habitantes, mientras que en España tenemos 22 ministerios para una población de 45 millones de habitantes.
 
GOBIERNO DE ESPAÑA: EL CAOS ERA ESTO
En mayo de 2018 Pedro SÁNCHEZ, que entonces ni siquiera era diputado incluso, ordenó al grupo parlamentario de PSOE (85 diputados) presentar una moción de censura contra Mariano RAJOY (137 diputados) y con él como candidato a presidente. La moción de censura triunfó  (la primera que lo hace en nuestra democracia) y Pedro SÁNCHEZ (que había sido rechazado como candidato en hasta cuatro intentos de investidura) fue investido por fin presidente por esa puerta falsa de la moción de censura, con el apoyo precisamente de los elementos más disgregadores y desleales que padecemos en nuestra política nacional. Y con la pretensión además de gobernar en solitario con solo 85 diputados (24 %) de un total de 350. 
 
Fue tirando como pudo a golpe de decretos ya que la tarea parlamentaria desde entonces quedó literalmente paralizada, pues cualquier proyecto de ley precisa de ardua negociación con los independentistas y estos ya tienen declarado que les importa una higa la gobernabilidad de España. Con estos bueyes y estos mimbres parlamentarios pretendía el presidente de gobierno Pedro SÁNCHEZ formar una coalición que lo sustente. 

Hoy se funciona con la prórroga de los presupuestos del gobierno de Rajoy de 2018 y SÁNCHEZ, que presentó su propio presupuesto en febrero de 2019, sin embargo sus socios de la moción se los tiraron abajo. Lo cual le obligó a convocar elecciones que se celebraron en abril del mismo año apenas un mes antes de las municipales. Y aunque ganó las elecciones pasando del 24 % anterior al 28 %, con solo 120 escaños intentó la investidura sin lograrla de nuevo viéndose obligado a convocar elecciones para noviembre del mismo año 2019. Con el resultado conocido: menos votos y menos escaños. Se han perdido así casi dos años con gobiernos en funciones, tres legislaturas distintas agotadas y nula actividad legislativa. La paralización más letal que ha conocido nuestra democracia.
 
Los resultados electorales de ambas convocatorias señalan un dato indubitable: hay dos bloques inamovibles en electorado: en los partidos nacionales de izquierda (PSOE, U.P. y MÁS PAÍS con 10,4 millones de votos en la última convocatoria de noviembre), y otro bloque idéntico e inamovible también en el centro  derecha (P.P., Cds. y VOX 10,2 millones de votos). Esta situación hace nuestro país prácticamente ingobernable y en todo caso bloqueado, pues para conseguir su desbloqueo siempre hay que recurrir al pacto con los nacionalistas independentistas y demás grupos antisistema.

Ante estas circunstancias, el PSOE, cuya vida orgánica ha desaparecido totalmente habiéndose convertido en un simple espectro que solo aplaude a un líder sin más plan que su propia supervivencia, Pedro SÁNCHEZ optó por formar un gobierno de coalición con PODEMOS y Pablo IGLESIAS renegando así de sus propias promesas electorales una vez más y adentrándose por primera vez en nuestra democracia en un experimento que, en palabras del propio SÁNCHEZ, consiste en tener un gobierno dentro del gobierno, lo cual, siempre según él mismo, no le dejaría dormir. Más o menos como el caso italiano del M5S y la LIGA.
 
De forma tal que parieron un gobierno de coalición desdoblando ministerios y creando otros para dar cabida al más numeroso ejecutivo que nunca tuvo la democracia: 22 ministros y ministerios con todo lo que eso supone de gastos en subsecretarios, directores y asesores, etc. Compuesto además por personas sin experiencia de gobierno alguna, pero con perfiles políticos de fuerte carga ideológica y propensos al ejercicio desbordado de un egotismo insoportable con la amenaza de someter al personal a un experimento de ingeniería social cuyos límites desconocemos, y con la única parlamentaria red de seguridad basada en compromisos secretos con los separatistas de quienes en todo caso depende la propia legislatura. Todo un grotesco estado de cosas a cual más irresponsable pero con una evidencia ineluctable: el desbloqueo depende precisamente de quienes quieren derribar el régimen, desafían al Estado y, para más esperpento, cumplen condena por ello. Todo un seguro para el desastre mas pronto que tarde.
 
Y este pandemonium político en el que estamos metidos por pura frivolidad (no se explica bien qué prisas tenía Pedro SÀNCHEZ en desestabilizar el gobierno de RAJOY y no haber esperado unos meses más, salvo su enfermiza ambición por ocupar el poder a toda costa), se nos ha unido la tormenta perfecta que nos ha llegado en forma de epidemia vírica incontrolada, y con un gobierno de bisoños aprendices de brujo cuyo único afán ahora es salvar los muebles a costa de dejar para el arrastre al país, con miles de muertos y enfermos, con las cuentas públicas destrozadas y la economía para el arrastre, y con sectores enteros como el caso del turismo (13 % de PIB) absolutamente irrecuperable al menos para los próximos tres años, por poner un solo ejemplo. Sin olvidar tampoco otros como el de la industria del automóvil totalmente paralizada también en sus cadenas de producción y sin expectativas tampoco de sacar adelante nada en los próximos meses.
 
La gestión del gobierno de esta crisis no puede ser más calamitosa en medio de toda la desolación de la tragedia que estamos viviendo, y no solo porque reaccionó tarde y mal sino porque lo hizo arrastrado por el cálculo político de una fecha que marcará el debate político y seguramente las millonarias demandas contra el Estado, y que se desatarán en los próximos meses: el 8 de marzo y otros eventos de masas con su secuela siniestra de efecto multiplicador de los contagios exponencialmente imparables, porque ya, cuando se quiso reaccionar, era demasiado tarde. Y, además de tarde se hizo claro con la medida más drástica y súbita que sin duda lo delata en su calculado retraso: el confinamiento de todo el país cuando ya el virus había contagiado a miles y miles de personas. 

Era el remedio de la impotencia; la solución final acordada de forma precipitada sin haber adoptado antes otras medidas elementales como obtener el material sanitario más elemental y necesario con que al menos blindar a nuestros profesionales de la salud, y no en las lamentables situaciones que viven y han tenido que vivir en la primera trinchera de la pandemia. Por no hablar de respiradores y medicamentos para muchos de los enfermos que mueren en la más absoluta soledad apartados y aislados de familiares que ni siquiera pueden darle el último adiós. Y ello además con un sistema sanitario repartido en otras diecisiete administraciones cada una de su color político.
 
Este gobierno aterrado y tan bisoño y poco eficaz como contumaz diletante, está en la creencia de que toda la compleja realidad social y económica de nuestra sociedad puede ser confinada manu militari por un simple decreto publicado el BOE, o el personal afectado consolado con consignas y palabrería mitinera de asamblea estudiantil. Sin embargo, han podido comprobar en carne propia (el gobierno tiene incluso titulares afectadas por el virus y con familiares próximos también), que el efecto devastador de su impericia, arrogancia y empecinada obsesión por echar balones fuera, habrá dejado arrasada no solo la salud de buena parte de nuestros compatriotas (profesionales sanitarios incluidos), sino también sectores económicos clave del país. 

Es la improvisación y el caos hecho consejo de ministros (nada menos que 22, que se dice pronto), para una crisis que no quisieron controlar inicialmente por cálculo político, y que ahora pretenden hacerlo con medidas improvisadas y drásticas porque ya no hay otro medio de controlar la desoladora crónica de muerte y enfermedad que arrasa nuestra país irremediablemente. 


¿ESTADO DE ALARMA O ESTADO DE EXCEPCIÓN?
 
El estado de alarma decretado por el gobierno el pasado día 14 de marzo tiene su amparo legal en la Ley Orgánica 4/1981 de 1 de junio, de los Estados de Alarma, de Excepción y de Sitio. En base esta ley que habilita al gobierno a dictar una serie de medidas tasadas para cualquiera de los supuestos anteriores que limitan, suspenden o directamente suprimen un buen número de derechos fundamentales, algo que la propia Constitución prohíbe al menos para el estado de alarma y que, en cualquier caso, requiere la autorización del Congreso que, sin  embargo, está prácticamente inhábil por la misma razón. 

El asunto no es baladí pues no hace falta ser un experto en derecho constitucional, para advertir que resulta absolutamente incomprensible que determinados derechos fundamentales puedan ser arrumbados o directamente suprimidos mediante decretos gubernamentales. Estamos pues viviendo un estado de excepción más que un estado de alarma.
 
La posterior ampliación del estado de alarma autorizada, esta sí, previamente por el Congreso por otros quince días más, ha resultado un  fiasco para la oposición (que no hay que olvidar que se halla recluida también y con las Cámaras prácticamente inactivas y sin poder ejercer control alguno) que se siente engañada, por cuanto que se han encontrado con el endurecimiento de las medidas restrictivas de movimientos y actividades económicas, industriales, construcción, etc. que ha  paralizado multitud de empresas y que, como primer correlato, tienen la virtualidad de que privará de empleos y por lo tanto de ingresos a multitud de contratistas, subcontratistas y personas entre otros, con situaciones que se volverán irreversibles. 

Pero esta nueva situación, cuya justificación en el nuevo acuerdo del gobierno se basa en el fracaso de las primeras medidas precisamente, y con la inclusión del despliegue del ejército para realizar tareas de orden público en algunos casos, pone en evidencia la deriva de estas medidas hacia más bien el estado de excepción que de alarma. 


Una de las cuestiones más evidentes de la improvisación autoritaria de estas medidas lo constituye su régimen sancionador, en el que el decreto gubernamental no entra sino para remitir a “otras leyes”. Es decir, que si un ciudadano se salta esas normas puede ser sancionado. Pero todo régimen sancionador requiere una ley, una casuística y una descripción de la pena o el castigo de los que el decreto carece porque remite a “otras leyes aplicables”, o a la propia Ley 4/1981 que no tiene previsto régimen sancionador alguno salvo su artículo 10, que sin embargo a su vez remite a otras leyes aplicables también pero desconocidas. 
 
Si alguna vez se normaliza la situación y esperemos que sea pronto porque de otra forma todo el país habrá de ser declarado en estado de calamidad, habrá numerosas reclamaciones económicas contra el Estado que agravarán aún más la debacle económica, por este cúmulo de improvisados acuerdos que en absoluto pueden ser adoptados mediante sucesivos e interminables simples decretos y órdenes ministeriales. Pero de momento el abuso de ese recurso a los decretos deja un reguero de dudas acerca de cuál es el verdadero estado en que nos encontramos si el de alarma o el de excepción.

Con el Congreso prácticamente cerrado y el poder judicial con sus funciones inhabilitadas salvo los de guardia penales, y la oposición recluida cuando no directamente contagiada, los atropellos precipitados perpetrados por el gobierno de derechos esenciales indisponibles proliferan y se expanden como el virus con amenazas sobre derechos ciudadanos e incluso patrimoniales. Y son de tal magnitud que en los próximos años, si finalmente alguna vez llegamos a alguna situación parecida a la normalidad, desencadenará reclamaciones patrimoniales que durarán varios quinquenios.
 
LOS QUE NO NOS FALLAN NUNCA: HÉROES Y HEROÍNAS SANITARIAS
Muchos de nuestros sanitarios pagarán con el contagio y su propio sacrificio su dedicación paliativa a una epidemia desbordada e implacable. En sus manos estamos. Desprovistos de equipamientos y trabajando bajo presión y estrés, merecen nuestro homenaje más agradecido y nuestro reconocimiento más sincero. En la seguridad de que su generosa entrega va más allá de la fría obligación profesional porque la suya es una tarea especial que exige también una gran vocación que admiramos y reconoceremos agradecidos. Si acaso, pedirles perdón por habernos permitido la frivolidad dolosa de haber elegido a unos jefes políticos que no se merecen por dejarlos indefensos y sometidos al riesgo diario de UCIs y hospitales atiborrados de peligro de contagio, sin material sanitario seguro y fiable con el que defenderse y defendernos. Y la verdad, no son los únicos y hay más sectores: farmacias, policías, cajeras y reponedores de supermercados, etc. Una legión de héroes anónimos.

Este es sin duda el siglo que vivimos peligrosamente y seguramente nos lo hemos ganado a pulso aunque cabe preguntarse también qué hemos hecho para merecer todo esto. Y es que, sin duda alguna, en muchas de estas calamidades hay un elemento común en todas ellas muy nítido: el factor político. Y ahí reside nuestra colectiva complicidad dolosa.
 
QUINCE MILLONES PARA LAS TELES PRIVADAS O POR QUÉ EL GOBIERNO LE PAGA EL DIVIDENDO A BERLUSCONI
 

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